Magnetismo y gravedad.

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sábado, 20 de noviembre de 2010

Rostros Anonimos.


La exposición Testimonios de una guerra: fotografía de la Revolución Mexicana plantea una reflexión visual-testimonial alrededor de los caudillos y las personas anónimas que vivieron la gesta armada que comenzó en 1910.

Se trata de una muestra que reúne 145 imágenes procedentes en su mayoría de la Fototeca Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Con la curaduría de John Mraz, se presentan rostros cotidianos del alzamiento revolucionario: viudas, huérfanos y personajes que lucharon a lado de los caudillos.

Para conmemorar el centenario de la Revolución, el INAH inauguró esa exposición el jueves en el Museo El Carmen y de manera simultánea en 30 recintos museísticos de la República.

Las impresiones (en blanco y negro, estándar y panorámicas) proceden también de las colecciones de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, de las universidades Nacional Autónoma de México y Panamericana, del Archivo General de la Nación, del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México y de Fundación Televisa.

El recorrido visual de 1910 a 1920 muestra la devastación ocurrida en una década, en la que murieron –dependiendo de las fuentes– dos o tres millones de mexicanos, explicó Mraz. Así, el público puede apreciar imágenes de refugiados huyendo de la ciudad de México durante la Decena Trágica.

Compromiso de los fotógrafos

La exposición rescata a los seres anónimos y propone una visión del compromiso de los fotógrafos por ser jueces y partes en esa época convulsa.

Asimismo, Mraz rompe con algunos lugares comunes cuando afirma: “Agustín Víctor Casasola no hizo todas las fotografías del movimiento, porque no salió del Distrito Federal; era imposible que fotografiara la Revolución”.

También revela sobre las imágenes que, según su investigación, “cada grupo tenía sus propios fotógrafos. Los caudillos buscaron a personas que documentarán sus hazañas y utilizaron a los medios de comunicación para promover sus movimientos”.

En Testimonios de una guerra: fotografía de la Revolución Mexicana, Mraz retoma el término revolucionados y no revolucionarios del escritor mexicano Luis González y González, y muestra los rostros de personas que esperan raciones de agua y comida en unas filas interminables de alzados o presenta el Bosque de Chapultepe talado debido a la escasez del carbón utilizado como combustible.

Las imágenes, agrupadas en núcleos temáticos, fueron captadas por muchos fotógrafos, entre los que figuran Samuel Tinoco, Antonio Garduño, Manuel Ramos, Gerónimo Hernández, Armando Salmerón, Cruz Sánchez, Eduardo Melhado, Ignacio Medrano Sánchez, Jesús H. Abitia, los hermanos Cachú, la agencia de Heliodoro J. Gutiérrez y en un caso, hasta ahora poco conocido, la primera fotógrafa vinculada a este movimiento, Sara Castrejón.
En la muestra, 36 imágenes están acompañadas por testimonios o anécdotas, de los cuales sobresale la cita de un general huertista que vio a Francisco Villa desplomarse ante la sentencia que ordenaba su ejecución: posteriormente el Centauro del Norte contradijo esta versión aludiendo que lloraba de rabia por desconocer los motivos de su condena.

La lucha más fotografiada

Durante la inauguración de la exposición en el Museo de El Carmen, se presentó el libro Fotografiar la Revolución Mexicana: compromisos e iconos, de John Mraz, editado por el INAH, que reúne 192 imágenes.

“En el volumen –explicó el autor– exploro otras cuestiones, además del compromiso de los fotógrafos de la época. No me interesaba incluir sólo imágenes de los caudillos, sino presentar la vida cotidiana, la reacción de las personas que se quedaron enmedio de esa situación, sin nada.”

Aseguró que se trata del primer libro de fotografía de una revolución: “Nadie en el mundo ha realizado un trabajo sobre una lucha armada, las más fotografiada y de la cual se conservan varias colecciones”.

Mraz, quien desde 2008 comenzó su investigación, manifestó que varias de las imágenes que seleccionó para la muestra, entre ellas la de un hombre muerto con un hoyo en la cabeza, de los hermanos Cachú, fueron censuradas.

“Creo que hubo problemas en cómo incorporar lo trágico de la Revolución; fueron entre dos y tres millones de muertos lo que dejó el movimiento, no entiendo porqué no hablar de la muerte, fue horrible lo que se vivió.”

Al respecto, Julio Castrejón, director de medios de comunicación del INAH, señaló que no hubo censura. “Se tenía que hacer una selección, porque el libro contiene más imágenes y era imposible colocarlas todas en la exposición”.

Explicó que el instituto tiene “una larga tradición museográfica en discursos visuales, así que se realizó una adecuación en la selección porque no se trataba de una exposición autoral”.

Testimonio de una guerra: fotografía de la Revolución Mexicana, organizada por el INAH, concluirá en febrero de 2011 en el Museo de El Carmen (avenida Revolución 4 y 6, esquina Monasterio, San Ángel).

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