Magnetismo y gravedad.

magnetismo,gravedad,demostracion.

viernes, 30 de abril de 2010

En el Flamenco,mas que fusion,hay una gran confusion.




Enredo, estridencia, desasosiego. José Mercé se ha dejado llevar por un torrente de sentimientos para su decimoséptimo álbum, que presenta en directo el próximo martes en la sala Caracol de Madrid y, el 13 de junio, en el Festival Suma Flamenca. Ruido es el título de este “reto apasionante por abarcar todas las formas del cante”, donde vuelve sobre los versos de Miguel Hernández. El Cultural habla con Mercé sobre su último trabajo y los nuevos derroteros del flamenco actual. Además, José Manuel Caballero Bonald indaga en las esencias de un artista que se mueve siempre más allá del aplauso.

José Mercé (Jerez de la Frontera, 1955) se lanza al abismo del arte utilizando la misma pasión con la que se sumerge en el océano de la vida, con inteligencia, sí, que es algo innato en el cantaor jerezano, pero también embestido por la angustia de las contradicciones, por lo impredecible de un tiempo oscuro y la ofuscación de una sociedad herida a causa de los desmanes. La avalancha de preguntas sin respuesta provoca la indignación, y la negativa al sometimiento va cambiando su actitud, que fluctúa entre el desengaño y la irritación, según esté el ánimo.

Su visceralidad lo hace inmune al conformismo y la resistencia al vasallaje aumenta su condición de hombre que, por encima de todo, ama la libertad. “Y a mi nieto. Contemplar a un niño es algo alucinante: te descubre un mundo extraordinario. Es una lección continua. Como no se arregle esto, vaya lo que les espera”, dice este descendiente de una numerosa y añeja familia gitana del barrio de Santiago, temporeros agrícolas, la mayoría, que tenían y tienen el flamenco como algo genuino, heredado de los antepasados, una forma musical y expresiva con la que se nace, no se aprende; un patrimonio que va pasando de padres a hijos en transmisión directa, cuyo legado permanece con un sonido propio y unas estructuras rítmicas y melódicas particulares. En definitiva, una tradición con rasgos inconfundibles.

Mercé no mira a nadie por encima del hombro y su proverbial risa abierta va paralela a su carácter sincero y solidario. Sabe lo que es llegar a Madrid a los 14 años e instalarse en casa de su tío Manuel Soto Sordera, hermano de su padre y uno de los grandes del cante en la segunda mitad del siglo XX, para empezar una lucha denodada y ganarse a pulso un puesto de primera figura en el intrincado universo flamenco. Ahora estrena disco, Ruido, y su actuación en el festival de la Comunidad de Madrid, Suma Flamenca, con un concierto en la Sala Roja de los Teatros del Canal, el 13 de junio, es de las más esperadas.

Enredo, estridencias...
“Ruido es también el título de una de las bulerías del disco, y me gustó el nombre. Corresponde a una realidad de nuestra época: enredo, desasosiego, estridencia. Todo eso produce alarma y da paso a la zozobra y al temor”, afirma José Mercé que, por otro lado, me sugiere que esté atento a Contigo, una canción en la que destaca la labor del guitarrista Diego del Morao, perteneciente a otra de las ilustres casas santiagueras, y me advierte que no deje de oír la soleá Vengo de donde no estuve, “un homenaje, sobrio y carente de artificios, a mi tía María Bala”, uno de los nombres de referencia en ese espacio, situado en el corazón histórico de Jerez.

Mercé no olvida a su gente, pero desde su atalaya jamás los observa con melancolía porque piensa que cualquier tiempo pasado nunca fue mejor. Sin embargo, en su horizonte personal, donde la cadencia de la memoria atávica va depositando el hechizo de unos ecos que son los que corren por sus venas, aparecen nombres de frágil presencia diluidos en imágenes que van perdiendo su realidad, veladas por el color sepia de viejas fotografías. Allí, en esa bruma de la evocación lejana, están Paco la Luz, mítico cantaor del XIX, creador de tremendas seguiriyas, y sus hijas La Sordita y La Serrana, o El Sordo la Luz, artífices todos ellos de unas músicas que confluyeron después en Manuel Soto Sordera, maestro del mejor cante jerezano.

Al sobrino de Manuel, José Soto Soto, José Mercé, en el transcurso de una entrevista que le hice en 1989, le dije que su tío era pesimista acerca del futuro del flamenco. “Pienso que su mentalidad no la va a cambiar nadie”, me contestó entonces. “Lógicamente, él ha escuchado muy buen cante y no va a dar su brazo a torcer. Todas las personas mayores, como mi padre, piensan igual y conciben el cante con la única referencia de su época. Desde luego que no hay muchos jóvenes que estén haciendo las músicas con pureza, pero todo evoluciona, el mundo evoluciona y el flamenco tiene que evolucionar, aunque opino que hoy en día se canta, se baila y se toca la guitarra muy bien, lo que pasa es que ellos tienen una forma de pensar , que es un tanto inamovible”.

Ellos, le señalaba, valoran mucho ciertos elementos, como el barrio o la familia, que consideran imprescindibles para la formación y conservación de unas músicas. Pero José lo tenía muy claro y, de alguna manera, intuía un futuro que ahora se está consolidando a través de su visión premonitoria: “Sí, pero los gitanos ya estamos repartidos”, declaraba a finales de los años ochenta. “No es lo mismo que cuando vivíamos todos juntos en cinco o seis calles y plazas. Entonces había más unidad, más parentesco, más familiaridad. Hoy, cada uno está en su piso de Barcelona, Madrid, Sevilla o en barriadas de las afueras. Existe el hecho irremediable de que esa tradición se va perdiendo, y en eso estoy totalmente de acuerdo con mi tío. Al dejar de existir los barrios, desaparece la escuela natural del flamenco. Ahora todo es más sofisticado, como de laboratorio”.

Cante y naturalidad
Los años han volado y ahora llega Ruido, el último disco de José Mercé en el que, siguiendo el diseño de los anteriores -Del amanecer, Aire, Lío, Confí de fuá, Lo que no se da, en un período que va de 1998 a 2006-, se amalgaman diversos lenguajes y variadas tendencias, entre ellas la flamenca, sustentada por su voz poderosa de cantaor antiguo y ese metal umbroso y dramático de efectos sobrecogedores.

-¿Pero tiene un nombre, se trata de un género específico, o es algo inclasificable, mezcla de cante y canción?
-No tiene un nombre. Desde que empezó esto de la fusión... El nombre que le asignaría a esta época del flamenco es el de grandiosa confusión. Metámonos todos y salvémonos los que podamos: críticos, artistas, los que mueven el cotarro, las instituciones... Es el tiempo del todo vale, de a ver quién se lo lleva antes. Existe una frase antigua que a mí me encanta y que dice: en mi hambre mando yo. La dignidad y los valores se están perdiendo, en la política y en la cultura.

-¿Y esas circunstancias influyen en el arte?
-Sin lugar a dudas. Somos nosotros los que creamos las aberraciones. Y el arte no se salva. Hace poco estaba en casa oyendo a La Niña de los Peines, Vallejo, Tomás Pavón, Manuel Torre, y me decía: ¡Dios mío, qué gozo poder cantar así, sin buscar el aplauso, sin hacer un tercio más largo que otro, con una naturalidad increíble! Creo que hoy no se canta con naturalidad. ¿Pero dónde se encuentra la innovación si La Niña de los Peines, con sólo interpretar unas alegrías, ya estaba innovando más que todo lo que se haya podido hacer hasta ahora?

-Ante ese panorama, ¿el flamenco se resiente, es víctima de esa conyuntura?
-Pienso que sí. El flamenco siempre ha estado un poco discriminado. De hecho, el momento en que se empezaron a vender discos coincide con el diseñó de las primeras promociones de alcance popular, como sucede con el resto de estilos musicales. Está claro que este país tiene mucha más importancia el pop que el flamenco. Entonces, claro, tenemos que buscarnos las habichuelas. A todos nos gusta vivir bien y es necesario evitar que al llegar a los setenta años nos tengan que hacer un homenaje porque estamos en la indigencia.

En 1971 Enrique Morente publicó su disco Homenaje flamenco a Miguel Hernández, donde incluía Nanas de la cebolla, para voz y guitarra. Más tarde, en 1978, Manolo Sanlúcar nos ofreció una de sus obras más bellas, ...Y regresarte, en la que también aparecía Nanas de la cebolla, pero en este caso para guitarra, violonchelo, violín y oboe. Ambos emplearon el diseño melódico de la nana tradicional flamenca.

Cante y naturalidad
-En el disco Ruido, ¿cómo concibe Nanas de la cebolla?
-Primeramente, he de decir que se trata de un pequeño homenaje, cuando se cumplen cien años de su nacimiento. Según mi criterio, la profundidad en el toreo está representada por Rafael de Paula y la profundidad en la poesía por Miguel Hernández. A principios de los años setenta era difícil conseguir en España sus libros, así que, cuando viajé a Argentina con la compañía de Gades, tuve la oportunidad de leerlos a fondo y desde entonces soy un enamorado de su poesía. En el disco utilizo la música que compuso Alberto Cortez y que en su día interpretó Serrat, aunque siempre intento llevarla a mi terreno flamenco. Hace un par de días ofrecí un concierto en Orihuela, la tierra de Miguel Hernández, en el que canté Nanas de la cebolla, y el público vibraba.

-¿Y después del Ruido vendrá la gran tormenta de José Mercé?
-Es posible, porque desde hace un año preparo el proyecto de una antología. Es mi gran desafío, el reto apasionante de poder abarcar esa infinidad de estilos, esa variedad inagotable de formas flamencas.

José María VELÁZQUEZ-GAZTELU


De las recreaciones del flamenco
Hay una vertiente del flamenco que entronca con la gran tradición gitano-andaluza del XIX, traspasa la voluble expansión artística del XX y llega hasta lo que podría llamarse la situación límite actual. No es desde luego la única dirección posible, pero sí la más significativa. Me refiero a la formulación del cante como una creación personal, a esa legítima tendencia a enriquecer el legado clásico con nuevas aportaciones expresivas, una actitud que saltó hace ya siglo y medio del anonimato de unas pocas casas gitanas bajoandaluzas a la incierta aventura de los teatros. En esa línea cabría situar la copiosa apropiación por parte del flamenco de muy diversos aires extraflamencos, adaptándolos a las básicas exigencias musicales propias del cante.

A esa estirpe de creadores flamencos pertenecen, por ejemplo, Manuel Torre, la Niña de los Peines, Antonio Mairena, Enrique Morente, Juan Peña el Lebrijano... Y, por supuesto, José Mercé. Todos ellos entendieron -o continúan entendiendo- que el arte, incluido naturalmente el popular, tiende a avanzar de acuerdo con una permanente renovación artística. Escapar de esa presunta impureza, conduciría sin remedio al estatismo, a la inercia, a la inoperancia. Cada uno de esos intérpretes crearon a su manera formas nuevas del cante sin olvidar en ningún momento sus cánones expresivos esenciales.

La actitud de José Mercé es arquetípica en este sentido. Bebió desde niño en las fuentes primarias del flamenco, y en el eco de su cante apunta “la raíz del grito” de las grandes casas flamencas del jerezanao barrio de Santiago. Pero ese aprendizaje colisionó un día -por así decirlo- con lo que viene tildándose de “fusión”, o de alianza del flamenco con modos generalmente ajenos al flamenco. No entiendo mucho de esas mezclas, aunque las doy por legítimas. José Mercé aceptó el riesgo de contaminación, sin soslayar nunca ni el ritmo ni el tono de los nutrientes musicales del cante. Alternó su magnífico, impecable conocimiento gitano-andaluz con ciertas reelaboraciones discutibles. ¿Se trata de una herencia enriquecida, como hicieron siempre los grandes cantaores, o de una desviación circunstancial? No lo sé, pero lo que tengo por seguro es que José Mercé, con independencia de su repertorio temático, nunca dejará de ser uno de los grandes forjadores contemporáneos del flamenco. José Manuel Caballero Bonald.

*Articulo de la revista "El Cultural"

Terapia para victimas del terrorismo.



«Ha sido mi mejor terapia, perdí a alguien hace 21 años, pero nunca había hablado con la libertad con la que lo he hecho ante las dos directoras de 'Mujeres en construcción'. Después de tantas subvenciones y programas, ellas han conseguido por fin hacer un perfil de la víctima del terrorismo». Así de rotundo y claro fue ayer el testimonio de Marga Labad, una de las protagonistas del documental elaborado por Begoña Atín y Maite Ibáñez, que se presenta esta tarde en el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián.
Con 'Mujeres en construcción' las dos directoras se impusieron algunas reglas: «No queríamos incluir imágenes de archivo, ni titulares, ni fotos familiares. Queríamos recoger testimonios de mujeres desconocidas para el público, y evitar así las ideas preconcebidas y los prejuicios. Y pretendíamos ser capaces de contar las historias de estas mujeres a través de lo que hacen día a día, y que eso fuera suficiente para que les podamos entender». Tanto es así que, hasta el final de la película, no se identifica a las mujeres, ni se explica inicialmente qué les ocurrió a cada una, si perdieron al marido, a un padre, una madre o un hijo en un atentado terrorista.
La mayor lección que han aprendido, tanto las directoras como las víctimas participantes, es que el proceso es siempre el mismo, «al dolor brutal y la sensación de estar fuera del mundo, le sigue la depresión, el intento de reconstruir las funciones diarias, sobre todo en el caso de las madres, y tratar de rehacer una vida sin la persona que falta, pero con ella al mismo tiempo», explica Begoña Atín. Y lo corrobora Marga Labad: «Nos sentíamos muy unidas sin conocernos, una empezaba una frase y otra la terminaba, porque teníamos las mismas sensaciones». Y Victoria Campos también comprobó cómo «te encontrabas con que otra decía lo que tú habías pensado pero no habías dicho».
La conclusión es que «existe un síndrome de la víctima del terrorismo, pero es muy difícil luchar contra él», afirma Marga Labad. «Si yo hubiera podido pasar hace 21 años por esta experiencia, no tendría ahora las crisis que tengo periodicamente». Y esa similitud en el proceso es más llamativo teniendo en cuenta que en el documental participan víctimas de atentados que tuvieron lugar en distintas épocas, desde 1969 hasta 2008.
'Mujeres en construcción' pretende simplemente que el espectador escuche, mientras ellas hablan con libertad y sin necesidad de dar opiniones políticas. Y con el espíritu con el que han tratado de hablar a sus hijos: «Contamos las cosas desde la paz, no desde el rencor, no queremos que se reproduzca en ellos un deseo de venganza», explica Victoria Campos. Amaya Etxaniz cuenta en el documental que «lo que no quieres es que nadie pase por algo así».

*Articulo de "El Diario Vasco".

jueves, 29 de abril de 2010

Pablo Helguera,en el Museo de Arte Moderno.



En las paredes del Museo de Arte Moderno (MAM), un montón de caricaturas critican el mundo del arte. Son los artoons de Pablo Helguera. De manera simultánea, se abrió también Siempre otra vez, proyecto de Diego Teo y Andrés Villalobos, en la sala Fernando Gamboa.

Helguera (DF, 1971) presentó como parte de la apertura de sus artoons (caricaturas que critican o muestran el otro lado del mundo del arte) la conferencia-performance Las criaturas de Acámbaro, que revive la vieja polémica acerca de las figurillas localizadas en terrenos propiedad del alemán Waldemar Julsrud, quien se convirtió en su más ferviente coleccionista y defensor, pese a los estudios que demostraron su origen falso.

“Desde hace muchos años trabajo el tema de la conferencia como formato académico, tratando de romperlo. Es utilizarla como elemento narrativo y a veces teatral. Eso me parece importante para provocar cierta reflexión en torno a ciertos temas. Esta conferencia-performance es parte del proyecto What in the world.

Artoons, por otra parte, nació en Facebook. “No me gustaba mucho la idea de poner mis fotos personales y se convirtió en un espacio para el mundo del arte que comenzó a gravitar por manadas hacia esa red. Se me ocurrió hacer un dibujo acerca de un artista que me caía mal, y se hizo popular. Me pedían más y más y llegué a 5 mil contactos, que es el límite de Facebook y todo por los artoons.

“Advertí que deseaban que hablara de ese tema y es un poco la continuación del análisis sociológico que inicié con Manual de estilo de arte contemporáneo, que escribí hace unos años, especie de Manual de Carreño para comportarse en el mundo del arte.”
Archivo intercambiable

Al final de cuentas, añade Helguera, “la mayoría de las cosas que hago son una reflexión sobre la relación del arte con la sociedad y nuestro nexo sociológico con aquél. En los artoons se exploran estas tensiones extrañas que existen entre curadores, artistas, público, y se trata de abrir eso”.

En la sala Gamboa coexisten dos trabajos: Cálculo diferencial, acerca de la piratería, y Siempre otra vez, de Teo y Villalobos.

Respecto de este último proyecto, Víctor Palacios, subdirector de proyectos del MAM, precisó que “desde hace años estos artistas trabajan juntos y recopilan un archivo sobre distintos productos culturales, no sólo sobre arte. Despliegan todo este archivo que es intercambiable: ellos lo reproducen con fotocopias, facsímiles, cds y lo ponen a la venta a un precio bastante bajo o simplemente proponen un intercambio con el público”.

Los visitantes, en este proyecto, pueden ir y dejar sus fotografías, llevarse libritos, sobre todo los fines de semana. De martes a viernes también se programan conferencias, talleres, acciones en espacios públicos, video y charlas.


*Articulo del diario "La Jornada"

miércoles, 28 de abril de 2010

Drogas y Prohibicion.



Un viejo debate se sigue desarrollando desde cuando en 1909, en la Conferencia de Shangai Contra el Opio, a la que asistieron 13 países, se acordó una serie de medidas para evitar el tráfico y consumo de opio, declarando ilegal la producción, posesión, tráfico y consumo de sustancias derivadas de la amapola, materia prima del opio.

Juan Gabriel Tokatlian compila en “Drogas y prohibición” una serie de aportes actuales sobre la “guerra contra las drogas”, y la necesidad de realizar un sincero balance sobre esta cruzada evidentemente fallida en gran medida y la consecuente necesidad de abordar el tema sobre modos no convencionales acorde a un debate posprohibicionista.

En las conclusiones del libro, el compilador Iván Briscoe puntualiza que “Los textos de este volumen constituyen un testimonio razonado y categórico sobre el fracaso de la llamada “guerra contra las drogas’ y del paradigma prohibicionista subyacente. Los autores, con diferentes perspectivas disciplinarias, metodológicas, temáticas y geográficas han abordado distintas dimensiones del fenómeno de las drogas y han indicado, respectivamente, las recomendaciones puntuales del caso”.

Señalan también que “en el caso particular de América Latina la región jamás desertó de la “guerra contra las drogas’, y asimiló, a plenitud, el régimen internacional antidrogas. Su implementación concreta implicó la adopción y aplicación de un catálogo de políticas públicas distintivas: 1) la erradicación de los cultivos ilícitos; 2) el desmantelamiento de los grupos narcotraficantes; 3) la militarización de la lucha antidrogas; 4) la criminalización de toda la cadena interna ligada al negocio de los narcóticos; 5) la aplicación de la extradición de naciones; y 6) el rechazo a cualquier iniciativa prolegalización de drogas”. Y computan que “los múltiples efectos de esta política en términos de violencia y corrupción son elocuentes”.

Los distintos aportes se refieren a nueve anomalías sobre el paradigma convencional de la lucha contra las drogas y dos propuestas de nuevos caminos (por Rafael Pardo); los debates recientes de la Organización de las Naciones Unidas (Francisco Thoumi); la reducción de la demanda de drogas de las Naciones Unidas: un éxito o una percepción sesgada (Molly Charles); un análisis económico del tráfico de drogas y las políticas públicas (Pierre Kopp); la neurobiología de las adicciones (Eleanor Dommett); las políticas de control del lavado de dinero (Gillermo Jorge); el desarrollo alternativo en la estrategia contra los narcóticos (Julia Buxton); el negocio de las drogas ilícitas y los conflictos armados (Ekaterina Stepanova); el caso de México (Luis Astorga); y las mencionas conclusiones finales.

Fruto de un proyecto de investigación y de distintos encuentros internacionales “Drogas y prohibición” ha sido publicado por Libros del Zorzal (info@delzorzal.com.ar).


Dante Belausteguigoitia Ponce de Leon.

martes, 27 de abril de 2010

Busco un lenguaje que nos aleje de lo confortable.



Bernardo Atxaga tomó todas las convenciones del género de aventuras, las sacudió, les quitó los efectos especiales y dejó a los héroes sin aura.

El resultado es una novela brutal y sutilmente subversiva “contada en un tono meteorológico”: Siete casas en Francia, que se publicó casi de manera simultánea en euskera, castellano, catalán y gallego, lo cual debió ser significativo en un país que habla acerca de la comunicación entre sus lenguas oficiales y sin embargo “no lo fue“, dice el escritor vasco en entrevista vía telefónica con La Jornada.

Esta nueva novela, publicada por Alfaguara, se ambienta en el Congo belga a principios del siglo pasado; los personajes son militares que se ocupan de la explotación del caucho, y extraoficialmente del tráfico de caoba y marfil, durante el reinado de Leopoldo II. El aislamiento en la selva y la ambición para hablar de temas actuales, no sólo de la explotación, sino de la “comedia del poder”.

–Siete casas en Francia recuerda mucho las novelas de aventuras.

–Efectivamente. La novela está planteada sobre dibujos literarios. Uno de ellos es desde luego una novela de aventuras. Sobre ese dibujo utilizo un lenguaje que nada tiene que ver con el género y una forma de narración que tampoco tiene mucho que ver con el género: normalmente las novelas de aventuras siempre tienen un lenguaje que tiende al aura, al brillo, a lo épico, y yo aquí hago mofa de todo esto.

“Mi idea es tomar todas las convenciones, desde el género hasta el lenguaje, y tratarlas subversivamente. Le quité toda la paja, busqué otra forma de nombrar lo que es terrible y lo hago como si fuera meteorología, de la forma en la que se habla del clima, porque me parece que así es un silencio que se oye.”

–Es una novela brutal.

–Claro, es una novela brutal tratada meteorológicamente. Es brutal por lo que no se dice, por lo que el lector deduce. Al no subrayarlo, al no ponerle efectos especiales, al rodearlo de silencio busco un lenguaje que nos haga huir y no nos deje en una zona confortable. La novela no actúa, mueve a la reflexión.

Y esa reflexión proviene no sólo de hablar acerca de la explotación en África y otros lugares del mundo, que es la parte dura, dice el narrador y poeta, nacido en Asteasu, Gipuzkoa, el 27 de julio de 1951.

“La parte trágica es que también está ocurriendo lo que podríamos llamar la comedia del poder, la comedia casi burlesca del poder”, que en la novela toma los nombres de Leopoldo II, el capitán Lalande Biran o el teniente Richard van Thiegel.

“Fuera de la ficción toma casos como el de la secretaria que acusó de acoso sexual a un gobernante en Israel, o Berlusconi. La anécdota ficticia de sacar a un león viejo del zoológico de Bruselas para que Leopoldo II lo matara en la selva tiene origen en la realidad.

“Ese acto absurdo no lo he inventado directamente. Aquí se supo y se publicó que el rey de España había cazado un oso en Rumania o en Hungría, no sé en qué país de Europa del este, pero sacaron al oso dos días antes del zoológico. Nadie quiere hacer la asociación y, por ejemplo, quienes lo hicieron en cómic tuvieron algunos líos.”

Bernardo Atxaga, nombre de batalla literario de José Irazu Garmendia, es uno de los autores más reconocidos del País Vasco y escribe en su lengua natal, el euskera. Algunas de sus obras, que le han valido varios premios, han sido traducidas a 25 idiomas, como la emblemática Obabakoak.

Novela, ensayo, poesía, cuento, y literatura infantil y juvenil son los géneros en los que vive su escritura, que ha llevado la literatura en euskera al mundo.
En este momento en el País Vasco “hay cada vez más escritores y, por tanto, más voces y lectores. Eso es lo bueno, lo malo es que de repente hay una especie de ola institucional, una ola de dinero público que apoya a la literatura o el arte, pero es un flanco que hay que cuidar: hay que permitir que le ayuden a uno, pero lo justo. Que se ayude a la literatura lo mismo que al hierro. Hay que ser independientes, pero en definitiva cuesta más ser independiente cuando te tratan bien que cuando te tratan mal”.

Su base de escritura es el euskera, lengua prohibida durante la dictadura de Francisco Franco. Hoy sus libros son de los más traducidos, “pero esto también se debe a un trabajo conjunto: yo no hubiese podido escribir si no hubiese habido una generación aquí un poco representada por el poeta Gabriel Aresti. Quizá decir esto en México o en el mundo anglosajón no tenga mucho sentido, pero cuando aquí, durante la dictadura, escribir en lengua vasca era algo casi de catacumbas, cuando éramos un grupito; entonces ahí sí ha habido un sentido, al menos hasta mi genera- ción, de reconocimiento para los que prepararon para mí el camino.

“Con Obabakoak tuve la suerte de ser traducido a unos 25 idiomas y en ese sentido acepto ser quien abrió las puertas de la literatura vasca; acepto que se tenga cierto mérito, pero no crea que pienso mucho en eso: yo me preocupo por lo siguiente, no por el pasado.”

–Pero también es significativo que Siete casas en Francia se haya publicado en las cuatro lenguas oficiales casi al mismo tiempo.

–Eso tenía que haber sido significativo, pero no lo ha sido. Me ha parecido que fui un poco ingenuo al creerme lo que se viene diciendo otra vez. Ese discurso sobre la importancia de que haya relación entre todas las comunidades del Estado español. Pues lo creí, pensé que tenía que hacer ese acto simbólico para que la gente, por ejemplo, dijera: ‘qué bien, aquí hay una apuesta por la buena comunicación entre las diferentes lenguas’, pero esto no es así.

“He hecho centenar de entrevistas acerca de esta novela, pero es usted la primera que me pregunta al respecto, así que fíjese lo mucho que importa aquí. Se lo puedo asegurar, nunca más lo vamos a volver a hacer. Hablo en plural, porque hice la traducción con mi mujer, y ha sido un esfuerzo terrible.

“Nadie se puede imaginar lo difícil que ha sido traducirlo y sacarlo en las cuatro lenguas. Ha sido una cosa de locura y es porque no acabo de dejar de ser ingenuo y me creí un poco eso de que hacía falta esa utopía de la Iberia que se comunica, que se respeta, pero eso no es verdad, no le importa a nadie.”

Por lo pronto, Bernardo Atxaga continúa su trabajo literario y ahora prepara un cuento “de risa” que se titula Xola un animal libre, y lo que será su libro “más interior”, Un poeta en Nevada.

“Me sigue divirtiendo escribir y ésa es para mí una señal para seguir adelante. Después de una semana en que uno ha hecho cien cosas, me pregunto cuáles han sido los mejores momentos, cuándo he estado bien, sereno, tranquilo, un poco volando con la cabeza, y la respuesta es escribiendo. Yo todavía tengo afición, la tuve de joven y no la he perdido; y creo que esta voluntad de escribir, esta afición a escribir, se llega a perder, y lo he notado con escritores que ya no preparan las conferencias, que dicen cualquier cosa o atienden cualquier premio y eso es porque están cansados, ya no están en la vida.

La Canco se alia con la hornada de musicos Catalanes.





JOAN GARRIGA Y SISA. El cantante de LaTroba Kung-Fú y el cantautor galáctico compartirán micrófono para abordar la mítica ‘Qualsevol nit pot sortir el sol’ (himno que no entiende de generaciones) y ‘Cançó del lladre’. Foto: JUAN MIGUEL MORALES
MARIA DEL MAR BONET Y ROGER MAS. La artista mallorquina y el cantautor (Solsona, 1975) se intercambiarán las piezas ‘L’àguila negra’ (por petición del propio Mas) y ‘Preludi’. Foto: juan miguel morales
MARINA ROSSELL Y DAVID CARABÉN. La cantautora y el líder del grupo Mishima cantarán juntos estas dos canciones: ‘Mare de Déu del món’ y ‘Un tros de fang’. Foto: juan miguel moralesMÁS INFORMACIÓN
Pensando en el pasado y el futuro
NÚRIA MARTORELL
BARCELONA
Hay parejas imposibles. Y otras que parecen hechas el uno para el otro. El espectáculo 50+: De la Nova Cançó a les cançons més noves reúne en formato de dúos a 14 artistas de dos generaciones que se intercambiarán sus creaciones. El título es de lo más apropiado: hace más de 50 años (concretamente 51) que el artículo Ens calen cançons d’ara, de Lluís Serrahima, se transformó en la piedra fundacional de un movimiento que anda resurgiendo con fuerza, calidad y aceptación de público y crítica. Quizás no estén todos los protagonistas. Pero se trata de un cartel equilibrado en el que nadie eclipsa.
Habrá solo tres recitales concentrados en un fin de semana. El estreno será el viernes 14 de mayo en el Teatre-Auditori de Sant Cugat, al día siguiente el bolo será en el Auditori de Granollers y el domingo, en el de Barcelona. ¿Y las parejas? Maria del Mar Bonet y Roger Mas cantarán L’àguila negra y Preludi; Marina Rossell y David Carabén (de Mishima), Mare de Déu del món y Un tros de fang; Joan Isaac y Jaume Pla (Mazoni),
Què tramposa és la vida y Cap al mar; Quico Pi de la Serra y Carles Sanjosé (de Sanjosex), Passejant per Barcelona y Baix Ter Mongrí; Jaume Arnella y Carles Belda, Noies que en festegeu y Les cobles del Peirot; Núria Feliu y Sílvia Pérez Cruz, Anirem tots cap al cel y Pare meu, y Sisa y Joan Garriga (La Troba Kung-Fú), Qualsevol nit pot sortir el sol y Cançó del lladre.
«La idea me parece maravillosa y muy enriquecedora por ambas partes. A menudo no nos conocemos; tenemos gustos diferentes –admite Joan Isaac–. Pero me he dado cuenta de que esta nueva generación está girando la vista hacia nosotros, cosa que no ocurría en la época del rock catalán de los 80, cuando se intentó oscurecer todo lo relativo a la Cançó. Ahora, en cambio, se acercan a nosotros y hasta nos versionan. Para la salud mental del panorama musical este encuentro me parece de lo más saludable». El autor de A Margalida admite que «no conocía bien» a su pareja de hecho: «Me he dado cuenta de que Jaume Pla tiene un gran nivel de escritura. Un alto concepto poético y literario». Isaac subraya que en el fondo todos viajan en el mismo barco: «Sabemos que debemos defender la lengua y la cultura catalana, y más ahora con todo lo que está pasando. Y este espectáculo me ha despertado la curiosidad por jóvenes a los que no seguía la pista».
A Carles Sanjosé, admirado trovador de penúltima generación y líder de la banda Sanjosex, le pasa lo mismo. Pero a la inversa. «Hay cantautores más veteranos que por circunstancias diversas no conocía. Los de nuestra generación hemos crecido con algunos de ellos, en mi casa se escuchaba mucho a Pau Riba, pero en realidad hemos seguido más a artistas extranjeros. En mi caso, hasta que no me he dedicado a la música no he escuchado seriamente a Ovidi Montllor y Quico Pi de la Serra, y me han gustado mucho».

MOMENTO HISTRIÓNICO / Curiosamente es con este último con quien compartirá ahora micrófono. Sanjosé (La Bisbal d’Empordà, 1977) reconoce que les unen cosas como la pasión por la guitarra y el blues. «Me parece una pareja fantástica», insiste. Y relata «un momento histriónico» que ocurrió a la hora de la sesión fotográfica. «En uno de sus gestos de rebeldía, Quico se negó a que posáramos con la misma carta y decidió que las escogiéramos al azar».
El cantante considera que ambas generaciones forman parte de «una tradición más o menos rota, porque cuando una cultura es pequeña es difícil que haya una continuidad clara». Este recital, concebido como lugar de encuentro, le parece «positivísimo». Y sobre cómo ha quedado finalmente la baraja, los dúos establecidos, adelanta que «aunque algunos parezcan chocantes, seguro que sorprenderán gratamente».
Sanjosé constata que «la industria de la música en catalán está flaca: en el mercado compartimos ocho millones de personas, lo que hace que económicamente sea menos viable». ¿Y qué opina del actual boom del pop catalán? «No me gusta hablar de boom porque se desinfla. Preferiría hablar de continuidad».

lunes, 26 de abril de 2010

"A veces los malos tienen las mejores frases"


El libro empieza así: "Soy Homer, el hermano ciego". En primera persona, E.L. Doctorow cuenta su relato Homer y Langley –publicado este mes en castellano por la editorial Roca–, una historia real de Nueva York. Los Collyer nacieron en una familia acomodada. La vida les llevó a ser unos acumuladores. Murieron asilados en su domicilio. Langley falleció al caerle una pila de objetos que había ido recogiendo por la basura. Homer, de hambre y sed.

De nombre Edgar, por Poe

Este señor tranquilo, pausado, se comporta con la humildad del sabio. Detrás de su falta de afectación, está uno de los mejores escritores de Estados Unidos y del universo literario, con títulos como Ragtime o El libro de Daniel. Es neoyorquino, del Bronx, y, aunque sus libros siempre aparecen con la firma E.L. Doctorow, explica que la "E" es de Edgar. Se lo pusieron por la influencia del mito, de Poe.

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Ha novelado hechos reales...
Sus vidas se convirtieron en mito. Entonces hay dos existencias, la de los hechos o clínica y la mitológica. El mito no necesita investigación, sólo hay que interpretarlo. Yo hago una interpretación de la casa de los Collyer.

Fallecieron en 1947, pero en su libro van más allá.
Viven hasta la década de los 80. Los mitos son inmortales. Estas criaturas nunca mueren.

¿Por qué le interesan?
Me parecía una historia muy atractiva, con varios significados para nosotros. Hoy se les califica de locos o excéntricos, pero, según mi visión, cada cosa funcionaba con una lógica y tenía sentido. Intentaron encontrar su propio rumbo y esto es lo que me atrae. Me interesó la idea de que pensaran que lo que sucedía en el país pasaba por su casa. En cierto momento sopesé escribir una novela de viaje, picaresca, al estilo del Quijote. No viajaron, aunque el camino conduce a su hogar. Es el camino del libro.

La casa ya no existe.
No tenían familia y la ciudad se hizo cargo. Estaba en unas condiciones pésimas. La derribaron e hicieron un parque, en la calle 128 con la Quinta Avenida. Entonces era una zona residencial.

¿Cree que la memoria colectiva aún los tiene presentes?
En la ciudad son muy conocidos, incluso en el país, porque se convirtieron en el símbolo de este tipo de vida, la de los acumuladores. El jefe de los bomberos de aquí al lado (la entrevista se realiza en el bajo Manhattan, en su despacho de la Universidad de Nueva York) me dijo el otro día que cuando van a una vivienda en malas condiciones utilizan la expresión caso Collyer. Al concluir este libro, tuve la sensación de que no sólo había escrito sobre los Collyer, sino sobre América.

El estilo de vida americano significa comprar y atesorar...
Nos gusta. En los países europeos la gente no es tan materialista. Si voy a Tuscany o a Atenas, encuentro un espíritu muy diferente. Allí hay gente que no tiene muchas cosas pero disfruta más de lo cotidiano, de una taza de leche o de un vaso de vino.

Recuerda su muerte?
Era un crío y lo vi en los diarios. Los vecinos dieron la alerta. Los policías hallaron la puerta bloqueada por el material amontonado. Las ventanas estaban selladas. Accedieron por el tejado. Miles de personas se congregaron. Había 14 pianos, toneladas de diarios, piezas de bicicletas, un coche desmontado, muchos libros de medicina porque su padre fue doctor, había especímenes médicos. De todo. Nueva York estaba impresionada. Collyer se convirtió en un término para designar el desorden. Si mi madre veía mi habitación sin arreglar, decía que era el cuarto de los Collyer.

No esperaban la notoriedad.
Estuvieron en lucha con el mundo. Les cortaron la luz o el agua porque no pagaban. Se sentían víctimas, era una paranoia. Y salían las leyendas. Se decía que en la casa había toneladas de dinero. Aunque habían sido ricos, eso era falso. Estos rumores les pusieron a la defensiva, tenían miedo.

Usted ha dicho que siguen presentes en la sociedad...
Medio siglo después de su muerte, los vecinos trataron de cambiar el nombre del parque. Consideraban que el apellido Collyer daba mala fama, que era algo poco digno. Si a la gente todavía le perturba, esto es la señal social de que estamos ante un mito.

¿Cómo logran ese estadio?
Empezó antes de morir. La prensa siempre pensó que era una buena historia. Les sacaban a menudo, rebuscando en la basura.

Dos caminos que confluyen en su relato, realidad y ficción.
No hago distinciones. Hechos e imaginación van juntos. A partir de los hechos siempre surge la imaginación, que los interpreta.

Al plantearse un libro como este, ¿parte de unas ideas previas o emergen al escribir?
Un libro empieza, para mí, con algo pequeño, con la primera línea que me viene a la cabeza o con una imagen que tengo.

Los Collyer son unos exiliados en su propia casa.
Se recluyeron. Es como si hubieran viajado a otro país y ese otro país era su casa. Por esto resultaban inquietantes. Cuando rompes con la comunidad, te conviertes en un crítico de esa comunidad y te transformas en un resentido. Son personas muy enfadadas que deciden vivir con ellas mismas y nadie más.

Es una manera de mostrar reproche hacia lo exterior. Langley, que estuvo en la Primera Guerra Mundial, dice que no podía matar a desconocidos... ¿Es usted crítico con su país?
Creo que la invasión de Iraq fue un desastre. La Administración mintió a los ciudadanos. Ha sido muy costoso en vidas para los dos bandos. Sí, soy muy crítico con la Administración.

¿En general, o con la de Bush en concreto?
La de Bush. Fracturó la ley, la desvirtuó, la ignoró. Ha hecho mucho daño a este país.

¿Obama supone un cambio? Sigue en guerra...
Lo intenta, paso a paso.

Su novela también arremete contra la policía de Nueva York. Ahí es Langley el que habla.
No debe asumir que lo que afirma un personaje es lo que piensa el escritor. En mis libros hay buena y mala gente. A veces, los chicos malos tienen las mejores frases.

domingo, 25 de abril de 2010

El Cuentista.


Se dice que el cuento es el género más difícil. Algunos críticos han señalado que William Faulkner se consideraba a sí mismo un cuentista frustrado o un autor que al menos sabía valorar al relato breve y algo parecido se cuenta en relación al novelista Ernest Hemingway, tan necesitado de grandes espacios para contar sus historias. No deja de ser interesante que ambos hayan logrado la perfección con relatos cortos. El segundo con El viejo y el mar, el primero con Miss Zhilphia Gant. Pero quizá sea necesario ir por partes. Un buen cuento puede ser alcanzado con relativa facilidad, sólo es necesario pulirlo una y otra vez hasta obtener algo notable. Lo realmente complejo es integrar un volumen de cuentos de sostenida calidad. El gran libro de historias breves tiene que estar conformado por siete, nueve o doce muy buenas historias enmarcadas cada una por una excelente estructura y una atmósfera semejante. De tal forma, Borges escribió Historia universal de la infamia, Torri De fusilamientos, Arreola Confabulario, Rulfo El llano en llamas y Cortázar Bestiario. He aquí lo realmente difícil: crear un libro de cuentos. Mientras que en la novela, el género rey para muchos, se tiene un puñado de personajes y una historia, acaso dos o tres, en el tomo de cuentos hay diez o trece historias y una estructura para cada una de ellas. Es necesario conservar elementos que unan las historias, aires y ambientaciones, temas y tratamientos. De otro modo, no estamos en presencia de un gran cuentista. Es un escritor que se ha limitado a poner cuentos de diferentes subgéneros. En cambio, el que ha sabido trabajar con rigor y vocación, logra que haya unidad en sus relatos. Tal es el gran escritor, el cuentista verdadero.
En los tiempos actuales, los géneros literarios y los periodísticos se han mezclado entre sí mismos y entre ambos con una intención: buscar la novedad, la originalidad y mayor eficacia. En periodismo, la crónica y el reportaje se han enriquecido con la presencia de la prosa narrativa. De ella toma la belleza, pero no así la ficción, lo que caracteriza a la novela y al cuento. Los trabajos literarios buscan mayor inteligencia expresiva. Por ello el cuento tradicional se ha resquebrado al aceptar en su interior desarrollos ensayísticos, prosa poética, supresión de diálogos o el monólogo interior como salida al relato habituado a contar en tercera persona o en un yo muy visible. A veces, hay que aceptarlo, el cuento carece de imágenes y metáforas, algo que en siglos pasados se utilizó con frecuencia, entonces de pronto uno siente la presencia del artículo periodístico, de un anuncio redactado para atraer compradores o de una historia que alguien urdió para terminar sus días en las páginas de un diario o revista. O de una biografía inventada, como en el caso de Marcel Schwob, cuya benéfica influencia es visible en Borges. ¿Cómo llamar a este tipo de trabajo? Juan José Arreola solía calificarlo como texto o le decía varia invención. Ahora es difícil clasificar una historia. Ya no es la extensión lo que permite la precisión: de tantas páginas en adelante, es una novela, decían los especialistas. Pero y ¿dónde queda clasificado el relato de cincuenta páginas o la historia de una línea, dónde? Lo importante de la literatura es escribir con talento, la clasificación vendrá después, es trabajo de los críticos. A menudo muchos autores escriben aquello que se les ocurre, a veces como un ejercicio de literatura automática, otras como un acabado producto de la conciencia literaria, la reflexión y siempre bajo el influjo de los libros. No sé si llamarlos cuentos o entrar en la terminología de reciente cuño: brevicuentos, minificciones o minirrelatos. Textos, frases, bromas, ensayos, historias apócrifas, lo que cuenta es leerlos sin buscarles definición alguna a no ser la de literatura.

Dante Belausteguigoitia Ponce de Leon.

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sábado, 24 de abril de 2010

The Saatchi Gallery of London.



En su pagina web de esta prestigiada galeria de arte,se encuentra este video,creanme que esta hecho con obras maestras de la pintura de todos los movimientos,sera un placer verlo.


Dante Belausteguigoitia Ponce de Leon.
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miércoles, 14 de abril de 2010

lunes, 12 de abril de 2010

Miroslaw Balka.



El extrodinario artista Polaco,en unas de sus creaciones,nacido en Varsovia en 1958,el joven artista sigue creando,no le pierdan la pista,porque tiene mucho que mostrarnos.


Dante Belausteguigoitia Ponce de Leon.
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